“A la radio le das uno y te devuelve diez”

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El periodista lucentino José Antonio Luque ha recibido el 33 Premio Córdoba de Periodismo, que concede la Asociación de la Prensa de Córdoba, en un acto que ha tenido lugar en el Círculo de la Amistad. El jurado otorgó el galardón a José Antonio Luque por “su larga trayectoria profesional, vinculada toda ella al mundo de la radio de Córdoba, de la que es uno de sus máximos exponentes con su programa diario’ La Hora de Córdoba, que cumple 28 años, y en particular el espacio Paso a paso durante la Semana Santa”. Otro aspecto destacable para otorgarle el premio a José Antonio Luque, según el propio jurado, ha sido su compromiso “con colectivos culturales, religiosos y sociales, siempre desde la honradez y una especial sensibilidad que confieren proximidad y calidez a su trabajo”.

En el acto de entrega del premio han estado presentes la alcaldesa de Córdoba, Isabel Ambrosio; la delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía en Córdoba, Esther Ruiz; y la subdelegada del Gobierno, Rafaela Valenzuela, entre otras autoridades, acompañados por numerosos compañeros de la profesión. 

Luque es en la actualidad miembro del equipo de Canal Sur Radio Córdoba y colaborador en diversas entidades sociales y culturales de Córdoba. Inició su actividad en la radio en 1975 como responsable del equipo realizador del programa Fraternidad en marcha, transmitido por La Voz de Andalucía, dedicado a la promoción personal e integración social del minusválido, que estuvo en antena durante siete años y obtuvo el premio Serem-78 del Ministerio de Trabajo. Ya en la década de los 80 con la creación de Antena 3 Radio pasó a formar parte de la plantilla de delegación cordobesa como locutor-redactor, hasta que en 1991 entró en la plantilla de Canal Sur Radio donde permanece. Además, es colaborador altruista del Ateneo y de otras entidades sociales y culturales ciudadanas. En la actualidad conduce La Hora de Córdoba un ‘magazine’ en Canal Sur Radio y es el coordinador del mítico Paso a paso, el especial de Semana Santa que acompaña a los cordobeses durante los desfiles procesionales.  

La Junta lo premió en 2014, con motivo del 28F, al considerar y valorar “su especial sensibilidad para tratar, desde un medio público, temas cotidianos que interesan a la sociedad, por su concepto de la información como un servicio a la ciudadanía, al tiempo que se incorpora y da voz a las manifestaciones ciudadanas, culturales y religiosas de Córdoba, superando cuantas dificultades encuentra a su paso con una sonrisa y desarrollando su trabajo con reconocida eficacia”.

“Que tu voz mantenga siempre esa cercanía con el oyente”

El premio le fue entregado por el presidente de la Asociación ,Manuel Fernández, del que recogemos íntegro  su intervención.

“Bienvenidos a la entrega del XXXIII Premio Córdoba de Periodismo, una de las costumbres que con más empeño han permanecido en la idiosincrasia de la Asociación de la Prensa de Córdoba desde su renovación, en 1984. Quizá porque todavía, y a pesar de los quebrantos vitales, entre los que entran las inenarrables consecuencias de una crisis, tenemos fe en lo bueno y creemos en la necesidad de premiarlo, para que sirva de ejemplo y estímulo profesional. 

Afortunadamente, a pesar de la depresión y el crac económico, seguimos manteniendo el Anuario Informativo –el libro resumen del año- que es un empeño que ha cumplido 34 años; la Guía de la Comunicación, 19, que salió por primera vez en el 2000, y hemos publicado en la imprenta de la Diputación el libro Historia de la prensa en Córdoba. 1790-2010, un volumen de 360 páginas cuyo autor ha sido Antonio Checa Godoy, en su día decano de la Facultad de Ciencias de la Información de Sevilla. En los últimos meses nos hemos entregado a la puesta a punto del próximo libro sobre la historia de la Asociación de la Prensa desde su nacimiento, a principios del siglo XX, hasta ahora. Y diariamente enviamos la Agenda con las noticias previstas para el día siguiente a todos los medios de comunicación y asociados. Pero eso sí, la crisis nos arrebató la fiesta, bueno, los euros que la pagaban, y así se acabó en el 2008 con La Noche de los Periodistas, una cita de tanta envergadura que allí –normalmente fue en Las Palmeras de El Caballo Rojo– se concentraban en una noche muy larga los periodistas y los protagonistas de las noticias sociales de la ciudad: políticos, asociaciones vecinales, artistas, sindicalistas, futbolistas o culturetas de la vida que asistían a la entrega de los premios Azahar y Alpechín, una nota divertida para la, a veces, seriedad de la vida laboral.

Pues esa costumbre que ha permanecido inmutable en la idiosincrasia de la Asociación de la Prensa, el Premio Córdoba de Periodismo (hago un inciso para agradecer la ayuda que nos prestan, para que continúe, el Ayuntamiento, la Diputación, la Universidad, la Real Academia, así como El Corte Inglés, Cruzcampo, Fotograbados Casares, la denominación de origen Montilla-Moriles, Coca-Cola y muy especialmente al Real Círculo de la Amistad, que nos acoge en una de sus estancias), digo que vamos a entregar el XXXIII Premio Córdoba de Periodismo dentro de unos momentos a alguien cuyo nombre despierta un sosiego periodístico por el que apuesta un buen número de cordobeses. Un periodista, una persona de la que el jurado ha puesto de relieve “su idiosincrasia en la valoración de los problemas de Córdoba y su provincia, así como su compromiso con colectivos culturales, religiosos y sociales, siempre desde la honradez y una especial sensibilidad que confieren proximidad y calidez a su trabajo”.

Pero es que a este premio número 33 se suma el prestigio y la brillantez de que se entrega por primera vez en el Círculo de la Amistad, un edificio que emerge majestuoso en la cima de la cuesta de la calle Alfonso XIII y cuyas tardes son cultura pura desde hace mucho tiempo. Aunque de apariencia distante y distinguida, apta, en principio, sólo para los designados por la fortuna, el Círculo es consecuencia del antiguo Liceo Artístico y Literario, una inquietud surgida del pueblo que vio en el desamortizado convento de las Nieves, además de una casa donde instalarse, una oportunidad, en su capilla, de redención por la cultura.

En este espacio la historia ha mezclado la elitista boda de etiqueta con el popular pregón de Santo Domingo, el cine-club más intelectualoide con aquellos primeros bingos de la Transición, las máscaras de carnaval con las más rimbombantes y trasnochadas cenas de apartheid sociales, las pretensiones de clase más desmesuradas con las Conversaciones Nacionales de Teatro, las discusiones andalucistas de Blas Infante y la postura agro-conservadora más recalcitrante. Y todo ello adornado de pinturas y obras de arte que hacen de este lugar un espacio inigualable que resume los comportamientos humanos, quizá algo de las historias de nobles y plebeyos.

Que siempre, pero sobre todo en Semana Santa, ha contado José Antonio Luque desde esa cercanía de tanta honradez y sensibilidad periodísticas, como ha dicho el jurado, que resulta casi imposible que tanto nobles como plebeyos se enfaden cuando él los nombra. Me acuerdo del noble envoltorio de su voz en aquella primera emisora de Antena 3 en Ronda de los Tejares cuando la radio dejó de ser sólo pública y empezó a privatizarse y de las veces que me ha llamado para que ya en antena contase quién había ganado el premio periodístico de ese año. En noviembre de este 2018 ha tenido el honor de que fuesen a hablarle y felicitarle todos los miembros del jurado del Premio Córdoba de Periodismo mientras hacía su programa La Hora de Córdoba, que ya lleva 28 años. Enhorabuena, José Antonio, y que tu voz mantenga esa cercanía que sabe atraer al oyente”.

“Reír con los ríen, llorar con los que lloran”

“Todavía no me he recuperado de la sorpresa que el pasado 20 de noviembre me dieron los miembros del jurado de este premio que hoy se me otorga colándose en “La Hora de Córdoba” sin previo aviso para notificarme que había sido elegido para esta distinción. Si grande para mí era la noticia que venían a comunicarme, ellos la hicieron aún mayor con su manera tan tierna y tan cercana de dármela a conocer. De darla a conocer a todo el mundo. María José  Sánchez, mi compañera, cuyo padre, Manuel Sánchez Romero, contribuyó a envenenarnos a ambos de este medio maravilloso, y a la  que vi haciendo fotos con su móvil desde la pecera (lo que me hizo sospechar que algo raro estaba pasando) escribió de inmediato un tuit que entre otras cosas decía: momento de pura radio. Esa que es capaz de transmitir a la vez acontecimientos y sensaciones, noticias y sentimientos, hechos y emociones.

Lo primero que se me vino a la mente, ustedes pudieron escucharlo, fue un nombre propio traído por la coyuntura de ser ésta la trigésimo tercera, la edición número treinta y tres de este Premio Córdoba de Periodismo, que coincidía -¡qué casualidad!- con la edad de Cristo. La rapidez del cerebro, en un acto que los psicólogos calificarían de fallido, estaba diciendo gracias, antes que a los propios miembros del jurado, a la persona de Jesús, que siempre ha andado enredando en mi vida, que un buen día me acercó a esta bendita radio y valiéndose de mil artimañas y personas me la regaló para hacerme feliz y de paso que yo contribuyese  a que otra gente lo fuera, compartiendo la magia de la comunicación. 

Para los que no sean creyentes, y entre mis amigos los hay muchísimos que me han enseñado y me enseñan cada día cosas maravillosas porque trabajan para que el ser humano progrese y lo sea cada vez más: eso, en mi opinión, es lo que realmente importa en la vida. Pues bien para ellos lo que acabo de decir puede resultar peregrino. Pero si les digo que yo estoy en la radio como consecuencia de un pequeño acto de amor, posiblemente lo entiendan.

Verán. He caído en la cuéntame esto a raíz de una fotografía que no sabía siquiera que existiese y que alguien me envió por correo electrónico. En ella aparece un niño de unos nueve años, de extracción bastante humilde,  presentando a un grupo de chiquillas y chavales que iban a actuar en el desaparecido Teatro Duque de Rivas, de la capital. Abarrotado el teatro, con todas las autoridades de la ciudad presentes en aquel momento.

El niño habla ante un micrófono profesional de Radio Popular. Ese niño era yo. Pero no se confundan. No están ante un niño prodigio, ni ante el repelente niño Vicente. El niño se encuentra allí como consecuencia de un pequeño acto de amor. La cosa es muy sencilla. Ese niño con secuelas de polio y su bastón podía no haber participado en aquel festival o sencillamente verlo desde la butaca. Pero alguien, con bastante sentido común y no poco amor, decidió que no se iba a quedar al margen. Si no podía bailar y no tenía gracia para cantar ni para contar chistes, 

“¿Qué hacemos con José Antonio? Pues que presente.”

No les voy a contar mi vida. Bastante tienen ya con lo que les han dicho mis dos buenos presentadores, Pepe García Uceda y Alfonso Osuna. Pero les puedo asegurar que todo lo relacionado con José Antonio Luque y la radio ha sido siempre de la misma manera. Gente maravillosa  que aparece en mi vida y me ofrece desde su cariño y su talento un pequeño gesto de amor. Y ese gesto de amor por pequeño que sea se multiplica. La radio lo multiplica. A la radio le das uno y te devuelve diez. Es como cuando estás junto al micrófono y debes tener la sensación -eso nos dicen los manuales- de hablarle al oído a una sola persona cuando lo estás haciendo para miles. Y la individualidad del oyente no se pierde sino que se enriquece cuando se prolonga a cientos y  cientos de personas. 

Y uno está ahí. Como un privilegiado. Pudiendo formar parte de ese espléndido coloquio. Muchas veces arbitrando, repartiendo juego. Aprendiendo siempre. ¡Qué suerte! Yo me pregunto cada día cuando entro por la emisora ¿qué hago yo aquí? Con la cantidad de magníficos periodistas que me rodean, con la cantidad de compañeros que se encuentran en paro, ¿qué hago yo aquí? Y me abruma una responsabilidad que solo calma el lenitivo de sentirme fruto de esos pequeños gestos de amor que he recibido y recibo cada día  para que yo contribuya a que la radio también  los difunda y los comparta.

Que nadie llame a las puertas de la radio sin tener la sensación de que entra en su casa, en su medio. Que nadie que escribe, que pinta, que esculpe, que compone, que toca, que canta que practica deporte sienta que le hacen un favor cuando le abren un micrófono. Que aquel que inventa, que investiga, que cura, que cuida, que promueve lo bueno que lo estimula y estimula a otros, piense que molesta cuando viene a la radio. Que aquel que lucha por su ideal político, siempre que respete a los demás, pueda contarlo. Que quien desde una administración está trabajando por la ciudadanía pueda dar a conocer lo que hace. Que aquel a quien nadie escucha se pueda hacer oír en la misma medida que a quien consideramos importante. Que quien quiere difundir su fe y sus tradiciones, tenga un altavoz. Y que en la misma medida lo tenga quien lo que quiere transmitir son las razones para su increencia. Que la mujer pueda clamar contra la barbarie de la violencia machista y reclamar una igualdad real. Que los desahuciados, los empobrecidos, los marginados por cualquier circunstancia puedan hablar.

Una radio solo será creíble si en ella cabemos todos. Si además es pública y la pagamos con nuestros impuestos,  y yo trabajo en la RTVA que lo viene haciendo desde hace treinta años, ¿qué quieren que les diga?

Una radio que ría con los que ríen y llore con los que lloran. Una radio optimista, dinámica, esperanzada, capaz de utilizar su magia para compartir y contagiar la vida. Una radio que transmita cada día chispazos de inteligencia y de belleza y cuente  los pequeños gestos del amor. Como los que a mí me llevaron a ella y en ella me mantienen gracias a las increíbles personas que la pueblan.

Solo me resta agradecer este galardón, que ojalá fuera merecido. Mientras que a ustedes les apetezca, nos encontramos en la radio”.

CÓRDOBA / 12 diciembre 2018 / Fotos: AJ González